No Soy Un Inmortal
Ignacio Salazar, un prodigio del Monte Yujin, alcanzó el Reino del Camino Celestial en solo veinte años. Como su maestro, Silvano Salas, ya no podía enseñarle nada, lo engañó. Le dijo que no tenía talento para el cultivo inmortal y lo echó de la montaña. Abajo, Ignacio encontró al patriarca de los Salazar, traicionado y al borde de la muerte. Ni tres médicos renombrados pudieron salvarlo. Ximena Salazar, desesperada, vio cómo Ignacio lo curaba. Los médicos juraron que su poder era del Reino del Gran Santo, pero él, sin tener idea, pensó que hablaban tonterías. Para agradecerle, el clan Salazar lo llevó a la Orden del Vuelo Celestial. Ahí, con la Perla Primordial, midieron su talento: todos sacaron seis lotos dorados o menos, pero Ignacio... ¡hizo estallar la perla con nueve, que se volvieron diez! Así, rompió todos los límites y se convirtió en el primero de la historia en lograrlo. Pero su fama le trajo problemas: la Santa de las Cinco Vidas, la Dama de la Caverna Marchita y la misma Ximena querían casarse con él. Ignacio, en un gran lío, no sabía qué hacer. Para colmo, envenenaron al Gran Inmortal Severian con el Hechizo de las Siete Flechas. Ignacio fue al Santuario de las Cinco Vidas a preparar un antídoto: la Píldora Dorada del Origen. Los demás alquimistas no pudieron conseguir la Fruta Divina, ni terminaron la píldora. Ignacio, con una sola gota de agua pura, fue el único en lograrlo.